El Gato con Sombrero

Sus ojos azules me miraban desde la esquina de la habitación, inquientantes al mismo tiempo que sensuales, de un azul que incluso los dibujos animados palidecerían hasta parecerse a las primeras películas de los hermanos Lumiere. Intentaba prestar atención a la exuberante señora de Toothpick mientras me contaba lo mucho que había disfrutado en su último viaje a Paris, pero la sensación de esa mirada siguiendome por toda la fiesta era de lo más desconcertante. Torpemente la había pisado ya en tres ocasiones cuando no pude aguantar más, fui hasta la esquina de la habitación, lo alcé y tiré por la ventana a ese maldito gato con sombrero.