A los caidos
El olor a quemado me despertó, lentamente abrí los ojos para ver como el cielo rojizo del atardecer se cernía sobre mí. Estaba tumbado boca arriba sobre un prado, escuchando crepitar las llamas de un fuego no demasiado lejos. Trate de incorporarme pero un dolor agudo en mi abdomen hizo que me tuviera que mover más lentamente. Cerca de donde estaba mi mano encontré mi espada, ensangrentada y casi sin brillo, la limpie descuidadamente y la envainé en su funda. Me puse en pie y observé como la aldea que había jurado proteger se consumía en las llamas. Seguramente hacía horas que mis compañeros me habían dejado atrás, dándome por muerto.
“¿ESTAS PREPARADO?”
Ahora caigo, me habían hablado de esto…
“Sí, será un largo viaje”