A los caidos II
Un intenso olor a quemado me revolvió las entrañas despertandome del letargo en el que me encontraba. Lentamente abrí los ojos, dejando que el rojizo cielo del atardecer me transportara a aquellos años en los que dormía sobre los tejados de mi ciudad natal. Mientras semejante visión me apacigüaba, escuchaba el crepitar de un fuego que me ponía nervioso. Trate de levantarme, pero un dolor agudo en mi abdomen me hizo retorcerme de dolor mientras maldecía mi buena suerte. Me incorporé lentamente y recogí mi espada, deslustrada a pesar del poco uso. Le limpié la sangre que emborronaba el grabado que le había hecho meses atrás y la envainé en su funda. Alcé la mirada y vi como la aldea que había jurado proteger había sido arrasada por las llamas. Seguramente hacía horas que mis compañeros me habían dejado atrás, dándome por muerto.
“¿ESTÁS PREPARADO?”
La voz sonaba directamente dentro de mi cabeza como una losa de plomo cayendo en una cripta, recordé entonces una conversación que tuvo lugar en una taberna no hace mucho. Y todo me volvió de repente a la memoria.
“Sí, será un largo viaje.”