Sus ojos, enormes y amarillos como dos lunas sobre la superficie de saturno, me observaban con expresión altiva desde el alféizar de la ventana, amenazando a cada movimiento que haga como si fuese el último.
Completamente inmóvil excepto por sus ojos, que siguiendome por toda la habitación me obligaban a volver la vista para asegurarme de que seguía observandome. Como si se tratase de un científico estudiando a una nueva especie en su hábitad natural.
Hasta que encontré lo que estaba buscando en la biblioteca de mi padre, momento en el que volví la vista hacia el gato pero ya no estaba allí. Su lugar lo ocupaba ahora una bestia enorme de aspecto vagamente felino, de ojos cambiantes multicolor y con un pelaje absurdo sacado de una alucinación de LSD en un videoclip de los años 60. Estaba sentado sobre una enorme mancha de sangre que cubría toda la ventana y se relamía de las patas los restos de sangre.
Y entonces sus ojos multicolor se volvieron a mirarme, reconocí instantáneamente a los mismos ojos que antes fueron amarillos, esos mismos ojos me ahora me provocaban un adormecimiento que me impidió reaccionar en el momento en que se me avalanzó encima. Destripándome, saciando su hambre mientras yo, medio sedado, medio horrorizado, lo veia todo con mis ojos castaños.
9 months ago